- ¿Qué son las drogas?
Aunque
cada organismo ofrece su definición y existen numerosas, cada una con sus
matices, parece ser que la que crea mayor consenso es la siguiente: “Toda
sustancia química que se puede introducir en un organismo vivo y al hacerlo
afecta al sistema nervioso produciendo una serie de cambios a nivel de
percepción de las sensaciones y modificando la conducta del individuo”
(Castillo, A.J., 2011, p. 25). Así pues, y para dejar más completo el concepto,
siguiendo la idea de Castillo, podemos entender como adicción, la dependencia
de una persona hacia una actividad o sustancia que le aparta del resto de
actividades cotidianas o personas que rodean, afectando negativamente la salud
y el bienestar, la calidad de vida, de la persona adicta, salpicando a aquellas
personas que le rodean, que sufren emocionalmente. Las adicciones no solo se
encuentran en las drogas, puesto que también existen otros fenómenos, como la
ludopatía, es decir, la adicción al juego. El problema, es cuando el juego, el
consumo u otras actividades, deja de ser secundarias y se convierten en
hábitos, de los que no se pueden controlar los impulsos. No obstante, hábito no
es sinónimo de dependencia, pero si puede ser el camino hacia ella; influyendo
factores psicológicos, la fortaleza mental y circunstancias personales, el
entorno de la persona que adquiere el hábito.
El hábito, según Eulàlia Solé, puede considerarse como “la adaptación
psíquica a los efectos agradables o estimulantes de una sustancia, ello sin que
la abstención produzca graves alteraciones físicas.” (Solé E., 1996, p. 35)
- Desinformación
Cada
droga afecta y altera a su forma, pero es importante reiterar desde la
Educación los numerosos daños que estas sustancias crean, los problemas que
provocan y que el abuso de consumo se convierte en hábito, y del hábito y el
abuso a la tolerancia, hasta que finalmente aparece la dependencia y todos los
problemas que conlleva. Las drogas suelen afectar, llegados a un punto abusivo,
al organismo al completo. Los efectos perjudiciales más comunes son: adicción
(la más común), palpitaciones, convulsiones, irritabilidad, conducta agresiva,
ansiedad, depresión, presión alta, y en algunos casos, muerte. Si los jóvenes
supieran, o estuvieran más informados de todos los efectos secundarios que
produce el consumo de drogas, muy probablemente bajaría la tasa de consumo,
sobre todo en adolescencia y juventud.
En
un porcentaje muy alto, pesa más la curiosidad por lo nuevo y la presión social
que la lógica y la cordura, desde un criterio maduro y sensato. Entonces, sería
conveniente despertar en estos jóvenes dilemas morales, de manera que pongan en
una balanza lo que ganan con la droga y su consumo y lo que pierden o podrían
perder. Se sorprenderían de la descompensación, del desequilibrio hacia el lado
de la pérdida. Estos jóvenes cuando no toman conciencia de este desequilibrio
se sumergen en el mundo de la droga, dejando a la intemperie su propia vida.
Los mismos, cuando tienen cuarenta o cuarenta y cinco años, muchos de ellos
llevan años de miseria y otros tantos años de lucha. Muchos de ellos los he
conocido, están en un centro de drogodependencia y cuentan en tono amargo su
arrepentimiento por no haber sabido elegir en la juventud, por carecer de
coraje para darse cuenta de que no compensaba en nada esa decisión, por no
haber tomado conciencia de que la balanza les indicaba que la pérdida era
mayor, y por lo tanto se estaban equivocando.
Personalmente he realizado prácticas de pedagogía en un centro de drogodependencias, y he visto como los
más mayores, los adultos de cuarenta años en adelante, se muestran más sensatos
y con las ideas más claras, y además, animando a los jóvenes que aún están a
tiempo de recuperar el rumbo, que por favor lo haga: “es muy duro cumplir casi
cincuenta y verte de nuevo aquí; por favor, aprovechad esta oportunidad para no
volver aquí con nuestra edad”. Todo esto me resulta bonito, emotivo, pero al
mismo tiempo desolador, por parte de los que ya no pueden recuperar esos años
perdidos.
En
centros como este, mantienen una dura batalla contra la droga, una batalla que
comporta desintoxicación, eliminación de la sustancia; deshabituación, cambio
de conducta mediante ayuda psicológica y educativa; rehabilitación, separación
total con la droga, con recursos como terapias o talleres que he realizado o
presenciado; y la reinserción, inclusión social, familiar, laboral, etc. Estos
son los niveles que se contemplan en el proceso terapéutico (Solé, 1996).
- Entonces... ¿Qué está ocurriendo?
Quizá
deberíamos plantearnos, cuando tantas personas pasan por lo mismo, les ocurre
lo mismo, que algo está fallando, algo estamos haciendo mal cuando una persona
decide consumir una sustancia que le va a evadir de la realidad, sea por el
motivo que sea. Entonces, ¿estamos enseñando en el sistema educativo a tener el
valor de afrontar los problemas, a afrontar la realidad? La respuesta parece
ser no, porque hay un gran número de personas que en lugar de afrontarlos se
evaden con sustancias, ya sea por inmadurez, por personalidad, por carencias
afectivas de la infancia… El caso es que a través de la educación, de la
orientación, estas realidades se pueden cambiar, y podemos construir personas
con criterio, que no se dejen llevar tan fácilmente a las primeras de cambio.
El poder de transformación de la educación traspasa todas esas barreras, pero
tiene que ser real, sin manipulación, sin demagogia.
Entonces,
la gran desinformación que existe entre la peligrosidad y los efectos de la
droga, unida a la facilidad de acceso y adquisición que suelen tener hoy en día
las drogas, hacen que el riesgo de consumo se eleve. Entramos entonces en los
famosos factores de riesgo, que pueden tener su origen en las relaciones de
grupo, la debilidad a la presión de los iguales, identidad; en la familia,
sobreprotección o carencia de la misma, falta de comunicación, comprensión,
reconocimiento y límites; en los determinantes socio-culturales, mala
administración y concepto de ocio y tiempo libre, publicidad; y del medio
educativo, absentismo, bajo rendimiento, actitudes antisociales y excluyentes…
Los factores de riesgo son elementos que si están presentes, suben la
probabilidad de que un sujeto adopte una conducta o realice un acto que le
puede ser perjudicial. Las escuelas y centros educativos deberían manejar estos
datos y emplearse a fondo para desarrollar programas informativos preventivos
eficaces para reducir los factores de riesgo dentro de las posibilidades.
Es
importante destacar que la mayor parte de los/las pacientes que ingresan en un
centro de drogodependientes son personas que ya llevan mucho tiempo o bien en
consumo activo, o bien que han estado un largo periodo en consumo y ahora se
encuentran en abstinencia por las circunstancias que sea. Muchos llegan de
prisión, con problemas judiciales, familiares, etc. Todo esto, el largo periodo
de evasión al que han estado sometidos hace que les caracterice una gran
inmadurez, ya que los problemas y responsabilidades a lo largo de sus vidas han
sido esquivadas, eludidas, en lugar de afrontadas. Este hecho los hace además
de inmaduros/as, intolerantes, puesto que normalmente no saben encajar
críticas, ni aceptar nada, aunque lo consideren cierto, conveniente o
razonable. No suelen tener esa capacidad crítica de replantear consideraciones,
hechos, o simplemente hacerse responsable de actos. Digamos que sus desarrollos
madurativos no suelen coincidir con su edad; es como si en el tiempo de consumo
activo, la maduración se hubiera pausado a causa de los efectos de las drogas.
- Reflexión
Consumir droga es errar en la vida, es evadir
los problemas y la realidad, y supone el fracaso de una parte importante de la
Orientación Educativa. El abuso de cualquier sustancia es peligroso y
perjudicial, pero el de una sustancia nociva y adictiva, destroza la vida,
pudre el alma. Dedicarle tiempo a la droga es quitarle tiempo a
todo lo demás, es perderse en el bonito camino de la vida, cosas maravillosas.
Es perderse en el tiempo, divagar, evadirse de la realidad, venderse al diablo.
Es una deuda y puede ser crónica.
Parece ser que los humanos tenemos una parte deshumanizada,
corrupción en nuestra conciencia, que nos hace anteponer el fin a los medios,
jugar con la vida de las personas a cambio de plata, de dinero. Tiene mucho que
ver con la forma de vivir, la política materialista, capitalista y mercantil de
la actualidad. Pero creo que un bajo porcentaje, sobre todo va en la
personalidad; me pregunto cómo puede una persona beneficiarse a causa de la
destrucción de otras. ¿De verdad valoran
más el dinero que las personas?
“¿Quién consume a quién? ¿Tú consumes drogas…
o al revés?”
“Nuestro destino es la suma de nuestras
acciones”.
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