miércoles, 26 de febrero de 2014

¿Drogas? “Nuestro destino es la suma de nuestras acciones”.

  - ¿Qué son las drogas?
Aunque cada organismo ofrece su definición y existen numerosas, cada una con sus matices, parece ser que la que crea mayor consenso es la siguiente: “Toda sustancia química que se puede introducir en un organismo vivo y al hacerlo afecta al sistema nervioso produciendo una serie de cambios a nivel de percepción de las sensaciones y modificando la conducta del individuo” (Castillo, A.J., 2011, p. 25). Así pues, y para dejar más completo el concepto, siguiendo la idea de Castillo, podemos entender como adicción, la dependencia de una persona hacia una actividad o sustancia que le aparta del resto de actividades cotidianas o personas que rodean, afectando negativamente la salud y el bienestar, la calidad de vida, de la persona adicta, salpicando a aquellas personas que le rodean, que sufren emocionalmente. Las adicciones no solo se encuentran en las drogas, puesto que también existen otros fenómenos, como la ludopatía, es decir, la adicción al juego. El problema, es cuando el juego, el consumo u otras actividades, deja de ser secundarias y se convierten en hábitos, de los que no se pueden controlar los impulsos. No obstante, hábito no es sinónimo de dependencia, pero si puede ser el camino hacia ella; influyendo factores psicológicos, la fortaleza mental y circunstancias personales, el entorno de la persona que adquiere el hábito.  El hábito, según Eulàlia Solé, puede considerarse como “la adaptación psíquica a los efectos agradables o estimulantes de una sustancia, ello sin que la abstención produzca graves alteraciones físicas.” (Solé E., 1996, p. 35)

  - Desinformación
Cada droga afecta y altera a su forma, pero es importante reiterar desde la Educación los numerosos daños que estas sustancias crean, los problemas que provocan y que el abuso de consumo se convierte en hábito, y del hábito y el abuso a la tolerancia, hasta que finalmente aparece la dependencia y todos los problemas que conlleva. Las drogas suelen afectar, llegados a un punto abusivo, al organismo al completo. Los efectos perjudiciales más comunes son: adicción (la más común), palpitaciones, convulsiones, irritabilidad, conducta agresiva, ansiedad, depresión, presión alta, y en algunos casos, muerte. Si los jóvenes supieran, o estuvieran más informados de todos los efectos secundarios que produce el consumo de drogas, muy probablemente bajaría la tasa de consumo, sobre todo en adolescencia y juventud.

En un porcentaje muy alto, pesa más la curiosidad por lo nuevo y la presión social que la lógica y la cordura, desde un criterio maduro y sensato. Entonces, sería conveniente despertar en estos jóvenes dilemas morales, de manera que pongan en una balanza lo que ganan con la droga y su consumo y lo que pierden o podrían perder. Se sorprenderían de la descompensación, del desequilibrio hacia el lado de la pérdida. Estos jóvenes cuando no toman conciencia de este desequilibrio se sumergen en el mundo de la droga, dejando a la intemperie su propia vida. Los mismos, cuando tienen cuarenta o cuarenta y cinco años, muchos de ellos llevan años de miseria y otros tantos años de lucha. Muchos de ellos los he conocido, están en un centro de drogodependencia y cuentan en tono amargo su arrepentimiento por no haber sabido elegir en la juventud, por carecer de coraje para darse cuenta de que no compensaba en nada esa decisión, por no haber tomado conciencia de que la balanza les indicaba que la pérdida era mayor, y por lo tanto se estaban equivocando. 

Personalmente he realizado prácticas de pedagogía en un centro de drogodependencias, y he visto como los más mayores, los adultos de cuarenta años en adelante, se muestran más sensatos y con las ideas más claras, y además, animando a los jóvenes que aún están a tiempo de recuperar el rumbo, que por favor lo haga: “es muy duro cumplir casi cincuenta y verte de nuevo aquí; por favor, aprovechad esta oportunidad para no volver aquí con nuestra edad”. Todo esto me resulta bonito, emotivo, pero al mismo tiempo desolador, por parte de los que ya no pueden recuperar esos años perdidos.

En centros como este, mantienen una dura batalla contra la droga, una batalla que comporta desintoxicación, eliminación de la sustancia; deshabituación, cambio de conducta mediante ayuda psicológica y educativa; rehabilitación, separación total con la droga, con recursos como terapias o talleres que he realizado o presenciado; y la reinserción, inclusión social, familiar, laboral, etc. Estos son los niveles que se contemplan en el proceso terapéutico (Solé, 1996).

  - Entonces... ¿Qué está ocurriendo?
Quizá deberíamos plantearnos, cuando tantas personas pasan por lo mismo, les ocurre lo mismo, que algo está fallando, algo estamos haciendo mal cuando una persona decide consumir una sustancia que le va a evadir de la realidad, sea por el motivo que sea. Entonces, ¿estamos enseñando en el sistema educativo a tener el valor de afrontar los problemas, a afrontar la realidad? La respuesta parece ser no, porque hay un gran número de personas que en lugar de afrontarlos se evaden con sustancias, ya sea por inmadurez, por personalidad, por carencias afectivas de la infancia… El caso es que a través de la educación, de la orientación, estas realidades se pueden cambiar, y podemos construir personas con criterio, que no se dejen llevar tan fácilmente a las primeras de cambio. El poder de transformación de la educación traspasa todas esas barreras, pero tiene que ser real, sin manipulación, sin demagogia.

Entonces, la gran desinformación que existe entre la peligrosidad y los efectos de la droga, unida a la facilidad de acceso y adquisición que suelen tener hoy en día las drogas, hacen que el riesgo de consumo se eleve. Entramos entonces en los famosos factores de riesgo, que pueden tener su origen en las relaciones de grupo, la debilidad a la presión de los iguales, identidad; en la familia, sobreprotección o carencia de la misma, falta de comunicación, comprensión, reconocimiento y límites; en los determinantes socio-culturales, mala administración y concepto de ocio y tiempo libre, publicidad; y del medio educativo, absentismo, bajo rendimiento, actitudes antisociales y excluyentes… Los factores de riesgo son elementos que si están presentes, suben la probabilidad de que un sujeto adopte una conducta o realice un acto que le puede ser perjudicial. Las escuelas y centros educativos deberían manejar estos datos y emplearse a fondo para desarrollar programas informativos preventivos eficaces para reducir los factores de riesgo dentro de las posibilidades.

Es importante destacar que la mayor parte de los/las pacientes que ingresan en un centro de drogodependientes son personas que ya llevan mucho tiempo o bien en consumo activo, o bien que han estado un largo periodo en consumo y ahora se encuentran en abstinencia por las circunstancias que sea. Muchos llegan de prisión, con problemas judiciales, familiares, etc. Todo esto, el largo periodo de evasión al que han estado sometidos hace que les caracterice una gran inmadurez, ya que los problemas y responsabilidades a lo largo de sus vidas han sido esquivadas, eludidas, en lugar de afrontadas. Este hecho los hace además de inmaduros/as, intolerantes, puesto que normalmente no saben encajar críticas, ni aceptar nada, aunque lo consideren cierto, conveniente o razonable. No suelen tener esa capacidad crítica de replantear consideraciones, hechos, o simplemente hacerse responsable de actos. Digamos que sus desarrollos madurativos no suelen coincidir con su edad; es como si en el tiempo de consumo activo, la maduración se hubiera pausado a causa de los efectos de las drogas. 

  - Reflexión
Consumir droga es errar en la vida, es evadir los problemas y la realidad, y supone el fracaso de una parte importante de la Orientación Educativa. El abuso de cualquier sustancia es peligroso y perjudicial, pero el de una sustancia nociva y adictiva, destroza la vida, pudre el alma. Dedicarle tiempo a la droga es quitarle tiempo a todo lo demás, es perderse en el bonito camino de la vida, cosas maravillosas. Es perderse en el tiempo, divagar, evadirse de la realidad, venderse al diablo. Es una deuda y puede ser crónica. 

Parece ser que los humanos tenemos una parte deshumanizada, corrupción en nuestra conciencia, que nos hace anteponer el fin a los medios, jugar con la vida de las personas a cambio de plata, de dinero. Tiene mucho que ver con la forma de vivir, la política materialista, capitalista y mercantil de la actualidad. Pero creo que un bajo porcentaje, sobre todo va en la personalidad; me pregunto cómo puede una persona beneficiarse a causa de la destrucción de otras.  ¿De verdad valoran más el dinero que las personas?

¿Quién consume a quién? ¿Tú consumes drogas… o al revés?”

“Nuestro destino es la suma de nuestras acciones”.